domingo, 29 de mayo de 2011

La rebelión de l@s indignad@s

Ya no hay dudas. El viento que ha electrizado el mundo árabe en los últimos meses, el espíritu de las protestas reiteradas en Grecia, de las luchas estudiantiles en Gran Bretaña e Italia, de las movilizaciones anti-Sarkozy en Francia...ha llegado al Estado español.
No son estos, pues, días de business as usual. Las confortables rutinas mercantiles de nuestra “democracia de mercado” y sus rituales electorales y mediáticos se han visto abruptamente alteradas por la irrupción imprevista en la calle y el espacio público de la movilización ciudadana. Esta “rebelión de l@s indignad@s” inquieta a las élites políticas, siempre incómodas cuando la población se toma en serio la democracia...y decide empezar a practicarla por su cuenta.
Hace dos años y medio, cuando la crisis que estalló en septiembre de 2008 se reveló de proporciones históricas, los “amos del mundo” vivieron un breve momento de pánico alarmados por la magnitud de una crisis que no habían previsto, por su falta de instrumentos teóricos para comprenderla y por el temor a una fuerte reacción social. Llegaron entonces las vacías proclamas de “refundación del capitalismo” y los falsos mea culpas que fueron evaporándose poco a poco, una vez apuntalado el sistema financiero y ante la ausencia de un estallido social.
La reacción social ha tardado en llegar. Desde el estallido de la crisis, las resistencias sociales han sido débiles. Ha habido un sesgo muy grande entre el descrédito del actual modelo económico y su traducción en acción colectiva. Varios factores lo explican, en particular, el miedo, la resignación frente la situación actual, el escepticismo respecto a los sindicatos, la ausencia de referentes políticos y sociales, y la penetración entre los asalariados de los valores individualistas y consumistas.
El estallido actual no parte, sin embargo, de cero. Años de trabajo a pequeña escala de las redes y movimientos alternativos, de iniciativas y resistencias de impacto más limitado han mantenido la llama de la contestación en este periodo difícil. El 29S abrió también una primera brecha, aunque la desmovilización posterior de las direcciones de CCOO y UGT y la impresentable firma del pacto social cerró la vía de la movilización sindical y, ahondó aún más si cabe, el descrédito y desprestigio de los sindicatos mayoritarios entre la juventud combativa y quines ahora protagonizan las acampadas.
Indignados e indignadas!
La “indignación”, tan de moda a través del panfleto de Hessel es una de las ideas-fuerza que definen las protestas en marcha. Reaparece así, bajo otra forma, el “Ya Basta!” que entonaron los zapatistas en su alzamiento del 1 de enero de 1994, entonces la primera revuelta contra el “nuevo orden mundial” proclamado por George Bush padre tras la primera guerra del Golfo, la desintegración de la URSS y la caída del muro de Berlín.
La indignación es un comienzo. Uno se indigna, se levanta y después ya ve”, señalaba Daniel Bensaïd. Poco a poco, sin embargo, se ha ido pasando del malestar a la indignación y de ésta a la movilización. Estamos ante una verdadera “indignación movilizada”. Del terremoto de la crisis, empieza a surgir el tsunami de la movilización social.
Para luchar no sólo se requiere malestar e indignación, también hay que creer en la utilidad de la acción colectiva, en que es posible vencer y en que no todo está perdido antes de empezar. Durante años los movimientos sociales en el Estado español hemos conocido esencialmente derrotas. La falta de victorias que muestren la utilidad de la movilización social y hagan aumentar las expectativas de lo posible ha pesado como una losa en la lenta reacción inicial ante la crisis.
Precisamente ahí entra la gran contribución de las revoluciones en el mundo árabe a las protestas en curso. Muestran que la acción colectiva es útil, que “sí se puede”. De ahí que éstas, igual que la menos mediática victoria contra los banqueros y la clase política en Islandia, hayan sido un referente desde el comienzo para las y los manifestantes y activistas.
Junto con el convencimiento de que “es posible”, de que se pueden cambiar las cosas, la pérdida del miedo, en un momento de crisis y dificultades, es otro factor clave. “Sin miedo” es precisamente uno de los eslóganes que más se han sentido estos días. El miedo atenaza todavía una gran mayoría de los trabajadores y los sectores populares y éste da alas a la pasividad o a las reacciones xenófobas e insolidarias. Pero la movilización del 15M y las acampadas expanden como una mancha de aceite un poderoso antídoto para el miedo que amenaza con desmontar los esquemas a una élite dirigente al frente de un sistema cada vez más deslegitimado.
El movimiento del 15M y las acampadas tiene un importante componente generacional. Como cada vez que estalla un nuevo ciclo de luchas, emerge con fuerza una nueva generación militante, y la “juventud” como tal adquiere visibilidad y protagonismo. Si bien este componente generacional y juvenil es fundamental, y se expresa además en algunos de los movimientos organizados que han tenido visibilidad estos días como “Juventud Sin Futuro”, hay que remarcar que la protesta en curso no es un movimiento generacional. Es un movimiento de crítica al actual modelo económico y a los intentos que la crisis la paguen los trabajadores con un peso fundamental de la juventud. Precisamente el reto es que, como en tantas ocasiones, la protesta juvenil actúe como factor desencadenante y catalizador de un ciclo de luchas sociales más amplio.
El espíritu antiglobalización de vuelta
El dinamismo, la espontaneidad y el empuje de las protestas actuales son las más fuertes desde la emergencia del movimiento antiglobalización desde hace más de una década. Irrumpido internacionalmente en noviembre de 1999 en las protestas de Seattle durante la cumbre de la OMC (aunque sus antecedentes se remontan al alzamiento zapatista en Chiapas en 1994), la ola antiglobalizadora llegó rápidamente al Estado español. La consulta por la abolición de la deuda externa en marzo de 2000 (celebrada el mismo día de las elecciones generales y cuya realización fue prohibida en varias ciudades del Estado por la Junta Electoral) y la fuerte movilización para participar en la contracumbre de Praga en septiembre del 2000 en contra del BM y el FMI fueron los primeros signos de arranque, en particular en Catalunya. Pero su masificación y ampliación llegarían con las movilizaciones contra la cumbre del Banco Mundial en Barcelona en los días 22 y 24 de junio de 2001, cuyo décimo aniversario está a punto de cumplirse. Justo diez años después asistimos al nacimiento de un movimiento cuya energía, entusiasmo y fuerza colectiva no habíamos visto desde entonces. No será éste, pues, un décimo aniversario nostálgico. Todo lo contrario. Vamos a celebrarlo con el nacimiento de un nuevo movimiento.
Las asambleas estos días en Plaza Catalunya (y, sin duda, en todas las acampadas que recorren el Estado empezando por la de Sol en Madrid) nos han dado momentos impagables, de aquellos que suceden cada mucho tiempo y que marcan un antes y un después en las trayectorias biográficas de quines participan en los mismos y en la dinámica de las luchas sociales. El 15M y las acampadas son auténticas “luchas fundacionales” y síntomas claros que asistimos a un cambio de ciclo y que el viento de la rebelión sopla de nuevo. Al fin. Una verdadera “generación Tahrir” emerge, como antes lo hizo una “generación Seattle o “generación Génova”.
A medida que el impulso “antiglobalizador” fue recorriendo el planeta, siguiendo a las cumbres oficiales en Washington, Praga, Québec, Goteborg, Génova o Barcelona, miles de personas se sintieron identificadas con estas protestas y una gran diversidad de colectivos de todo el planeta tuvieron la sensación de formar parte de un mismo movimiento, del mismo “pueblo”, el “pueblo de Seattle” o de “Génova”, de compartir unos objetivos comunes y sentirse partícipes de una misma lucha.
El movimiento actual se inspira también en los referentes internacionales más recientes e importantes de luchas y de victorias. Busca situarse en la estela de movimientos tan dispares como las revoluciones en Egipto y Túnez o la victoria en Islandia, ubicando su movilización en un combate general contra el capitalismo global y la élite política servil. Dentro del propio estado español, las manifestaciones del 15M y ahora las acampadas, en un ejemplo simultáneo de descentralización y de coordinación, dibujan una identidad compartida y una comunidad simbólica de pertenencia. 
El movimiento antiglobalización tuvo en su fase de ascenso en el punto de mira a las instituciones internacionales, OMC, BM y FMI y las firmas multinacionales. Después, con el inicio de la “guerra gobal contra el terrorismo” proclamada por Bus hijo, la critica a la guerra y a la dominación imperialista adquirieron centralidad. El movimiento actual coloca en el eje de la crítica a una clase política, cuya complicidad y servidumbre ante los poderes económicos ha quedado más expuesta que nunca. “No somos mercancías en manos de políticos y banqueros” rezaba uno de los eslóganes principales del 15M. Se enlaza así la crítica frontal a la clase política y a la política profesional y la crítica, no siempre bien articulada y coherente, al actual modelo económico y a los poderes financieros. “¿Capitalismo? Game over”.
Hacia el futuro
El futuro del movimiento iniciado el 15M es imprevisible. A corto plazo el primer reto es seguir ampliando las acampadas en curso, ponerlas en marcha en las ciudades donde todavía no hay y conseguir que, por lo menos, continúen hasta el domingo 22. A nadie se le escapa que las jornadas del 21, día de reflexión, y del día 22, día de las elecciones, van a ser decisivas. En estos dos días la masificación de las acampadas es fundamental.
Es necesario también plantearse nuevas fechas de movilización, en la estela del 15M, para seguir manteniendo el pulso. El reto principal es mantener esta dinámica simultánea de expansión y radicalización de la protesta que hemos vivido los últimos días. Y, en el caso específico de Catalunya, buscar sinergias entre la radicalidad y las ansias de cambio de sistema expresados el 15M y en las acampadas, con las luchas contra los recortes sociales, en particular en sanidad y educación. La acampada de Plaza Catalunya se ha convertido ya en un punto de encuentro, un poderoso imán, de muchos de los sectores en lucha más dinámicas. Se trata de convertirla en un punto de encuentro de las resistencias y las luchas, que permita tender puentes, facilitar diálogos, y propulsar con fuerza las movilizaciones futuras. Establecer alianzas entre las protestas en curso, entre los activistas no organizados, y el sindicalismo alternativo, el movimiento vecinal, los colectivos de barrio...es el gran desafío de los próximos días.
“La revolución empieza aquí...” coreabámos ayer en Plaza Catalunya. Bueno, al menos lo que comienza es un nuevo ciclo de luchas. De lo que no hay dudas ya es que, más de una década después del ascenso del movimiento antiglobalización y dos años después del estallido de la crisis, la protesta social ha vuelto para quedarse.
- Josep Maria Antentas es Profesor de Sociología de la Universitat Autónoma de Barcelona (UAB)
Esther Vivas, Centro de Estudios sobre Movimientos Sociales (CEMS) de la Universitat Pompeu Fabra (UPF)
Ambos son autores de Resistencias Globales. De Seattle a la Crisis de Wall Street (Editorial Popular, 2009) y participantes en la acampada de Plaza Catalunya

Roces entre Brasil y la OEA

La OEA (Organización de Estados Americanos), en nombre de la CIDH (Comisión Interamericana de Derechos Humanos), en carta al gobierno brasileño a comienzos de abril, solicita la suspensión inmediata de la concesión de un complejo hidroeléctrico en Belo Monte, en el Pará, pues dicha obra presenta serios riesgos para los pueblos indígenas que habitan en la región del río Xingu.
 
Al gobierno de Dilma no le gustó el tirón de orejas. Y ordenó al palacio de Itamaraty escribir una nota “a la altura”, manifestando su perplejidad. El ministro Patriota, de Relaciones Exteriores, calificó de “precipitadas e injustificables” las recomendaciones de la CIDH.
 
Según la OEA las comunidades indígenas de la región no fueron oídas con respecto a la obra; una vez más los caras-pálidas creen saber lo que es bueno para los pieles rojas… Esa arrogante convicción ya ha provocado el genocidio de millones de indios a lo largo de cinco siglos en América Latina. En nombre del progreso se sacrifica a nuestros pueblos originarios.
 
La OEA defiende el derecho de los indígenas del Xingu a tener acceso al Estudio de Impacto Social y Ambiental del proyecto de Belo Monte. Y exige que sean tomadas medidas “vigorosas e inclusivas” para proteger la vida y los derechos de las naciones indígenas.
 
Al comenzar la construcción del complejo millares de personas en busca de trabajo se dirigirán a esa región, con el peligro de que lleven consigo epidemias, alcoholismo y prostitución a los indios, además de los desequilibrios ambientales que la hidroeléctrica puede causar.
 
El gobierno brasileño acaba de firmar en Ginebra una resolución de la ONU para investigar la violación de los derechos humanos en Irán. Pero se siente incómodo cuando la OEA decide hacer lo mismo en el Brasil. Dos pesos, dos medidas.
 
¿Y si el gobierno de Dilma decide ignorar la petición de la OEA? Pues corre el peligro de ser juzgado por la CIDH y en última instancia puede ser expulsado de la OEA. Aunque esto no suceda, la imagen de nuestro país quedaría perjudicada en el escenario internacional. Sobre todo en el momento en que el gobierno de Dilma marca diferencias con el gobierno de Lula y enfatiza que, en política externa, los derechos humanos tendrán prioridad y no los intereses económicos. (¿Esto incluye a la China?).
 
¿Qué es lo “injustificable y precipitado”: la advertencia de la OEA o la construcción de la hidroeléctrica en Belo Monte? ¿Por qué esa resistencia a consultar a los pueblos indígenas del Xingu? ¿Por qué el Ministerio Público del Pará entró en la Justicia con diez acciones contra Belo Monte?
 
Progreso no es hacer obras en detrimento de comunidades y ecosistemas. Hay que cambiar el paradigma del lucro en favor de la calidad de vida de la población. Si eso no ocurre, nuestras ciudades continuarán siendo amontonamientos de autos -pues la industria automotora paga grandes tributos al gobierno- sin que se le ofrezca a la población un transporte colectivo de calidad, como el metro.
 

Traducción de J.L.Burguet

viernes, 27 de mayo de 2011

Sueño latinoamericano de José Martí

 En el centenario de Simón Bolívar José Martí expresó que El Libertador tenía mucho que hacer en América y que la obra que él había dejado inconclusa, sin terminar estaba, valoró  la ecuménica hazaña del venezolano, que emprendió la guerra de liberación de Suramérica, no para hacer una monarquía o para feudo de una oligarquía criolla sino para hacer una familia de pueblos unida donde el bienestar fuera la condición mínima del hombre para su desarrollo.

 Cien años después otro latinoamericano, esta vez nacido en Las Antillas, en nuestra Cuba, colonia española y con las mayores inversiones de los Estados Unidos fuera de su territorio ya en esta época; defiende el derecho de su isla a la libertad absoluta, ya fuere de España o de cualquier otra potencia y vislumbra los males que traerá a Nuestra América el fortalecimiento del capitalismo ya en su fase embrionaria de imperialismo.

 Su obra no fue adivinación de iluminado, sino conclusiones de un reformador social, objetivo para los asuntos de política, soñador para los cambios que quería para nuestras tierras.

 Quiero traer a estas páginas un deseo de José Martí que mantiene plena vigencia porque aún no se ha cumplido, aunque nunca como ahora para hacerlo realidad. Constituye una hermosa profecía latinoamericana, que a todos los hombres de buena voluntad de estas tierras corresponde  contribuir a cumplir:

“No nos dio la Naturaleza en vano las palmas para nuestros bosques, y Amazonas y Orinocos para regar nuestra comarcas; de estos ríos la abundancia, y de aquellos palmares la eminencia, tiene la mente hispanoamericana, por lo que conserva de indio, cuerda: por lo que le viene de la tierra, fastuosa y volcánica; por lo que de árabe le trajo el español, perezosa y artística. ¡Oh! El día en que  empiece a brillar, brillará cerca del Sol; el día en que demos por finada nuestra actual existencia de aldea. Academias de indios; expediciones de cultivadores a los países agrícolas; viajes periódicos y constantes con propósitos serios a las tierras más adelantadas; ímpetu y ciencia en las siembras; oportuna presentación de nuestros frutos a los pueblos extranjeros; copiosa red de vías de conducción dentro de cada país, y de cada país a otro; absoluta e indispensable consagración de respeto al pensamiento ajeno; he ahí lo que ya viene, aunque en algunas tierras solo se ve de lejos; he ahí puesto ya en forma el espíritu nuevo.
“Se abren campañas por la libertad política; debiera abrirse con mayor vigor por la libertad espiritual; por la acomodación del hombre a la tierra en que ha de vivir.”

La América, Nueva York, noviembre de 1884.

Bebidas de América Latina

Numerosas son las bebidas típicas de América Latina, normalmente realizadas con frutas o semillas originarias de la región, pero también con productos llevados a América por los colonizadores españoles. Algunas de ellas, como el chocolate líquido, a menudo sin azúcar y muchas veces mezclado con chile (picante), forma parte de las tradiciones ancestrales de los pueblos maya y azteca. A continuación enumeramos algunas de las bebidas hoy más comunes.

RON o RUM: se obtiene de la destilación de las melazas o jugos fermentados de la caña de azúcar, que generalmente restan después de la fabricación del azúcar. La primera mención oficial de la palabra "rum" aparece en una orden emitida por el Gobernador General de Jamaica con fecha 8 de julio de 1661. La caña de azúcar fue traída por los árabes a Europa a través de España. Los españoles la llevaron a las islas Canarias y luego a las islas del Caribe, principalmente a República Dominicana y Cuba. Cuando ingleses y franceses se instalaron en las Antillas, cultivaron la caña y comenzaron a destilar el ron. El ron tiene carta de ciudadanía caribeña. A pesar de estas diferencias se acepta a nivel regional tres grandes tipos de ron: rones de origen hispano o rones ligeros (Cuba, Puerto Rico, República Dominicana, Nicaragua y Venezuela), rones de origen británico, más oscuros y potentes (Barbados, Bermuda, Belize y Guyana), rones de origen francés, rones ligeros que destacan por su aroma (Guadalupe y Martinica). (Foto: caña de azúcar)
TEQUILA: es originaria de México. Se consigue con la destilación del maguey o agave azul. La zona de producción original se sitúa en la ciudad de Tequila ubicada en el estado de Jalisco (centro-oeste de México). Hay que esperar varios años para que se pueda recoger la llamada “piña” del maguey, es decir la parte central de la planta una vez liberada de las hojas espinosas. La piña, que puede pesar hasta 80 kilos, es cocida a 105 grados de temperatura. Este es el primer paso que a través de un complejo procedimiento de fermentación y destilación producirá el tequila. El tequila puede ser blanco, oro, reposado, añejo y extra añejo, según la cantidad de meses o años que haya permanecido en barriles de madera. (Foto: agave tequilana)
CACHAÇA: (o Pinga) es una bebida alcohólica extraída del jugo fresco de la caña de azúcar y originario de Brasil. Para su producción se utilizan técnicas mixtas. Para la fermentación del jugo de caña o la malaza son utilizados levaduras características. Después de la destilación, la cachaça se hace reposar en barriles de madera. El añejamiento no dura más de 12 años y se hace normalmente en barriles de madera, generalmente de roble blanco brasileño. Se supone que la bebida nace y crece como producción en los ingenios azucareros y está destinada en un primer momento a los esclavos. Luego, cuando los propietarios de los ingenios la perciben como un negocio igual que el azúcar, se transforma en una moneda de intercambio para la compra de esclavos en África.

PISCO: es un aguardiente derivado de la uva que se produce y consume sobre todo en Perú, Bolivia y Chile. Toma el nombre de la ciudad peruana de Pisco, perteneciente al departamento de Ica (centro-oeste del país). En época colonial la producción de uva se destinaba en Perú únicamente a la elaboración de vino de misa, pero poco a poco se abrió paso también el aguardiente.vid1 La primera vid llegó al Perú a mediados del siglo XVI proveniente de las Islas Canarias. Durante los siglos XVI y XVII el Virreinato del Perú se convirtió en el principal productor vitivinícola de América del Sur. Existen varios tipos de pisco del Perú: pisco puro (fina destilación de una sola variedad de uva); pisco mosto verde (destilación de mostos frescos incompletamente fermentados); pisco acholado (mayor fuerza y grado alcohólico, de mostos frescos fermentados y diferentes variedades de uva); pisco aromático (de uvas pisqueras aromáticas como Italia o moscatel); pisco aromatizado (con aromas de otras frutas) y piscos macerados (generalmente caseros, con frutas hechas macerar en el pisco).

MEZCAL o MESCAL: es una bebida alcohólica producida desde tiempos de los aztecas quienes la consideraban afrodisíaca. Cuenta la leyenda que la diosa Mayatl, Diosa del Mezcal, nutría a sus súbditos con el mezcal que salía de sus senos. Se puede obtener destilando distintos tipos de agave. Su nombre deriva de la palabra nauatl mexcallio que significa agave cocido. Es originario del estado mexicano de Oaxaca. La bebida es reposada en toneles de madera por un período que oscila entre dos meses y siete años. Durante ese tiempo adquiere un color dorado, cada vez más oscuro. Para aromatizar algunos tipos de mezcal se coloca en el interior de la botella una larva de insecto llamada comúnmente “el gusano” y que muchos aman comer al vaciar la botella.
chicha_moradaCHICHA: es el nombre que reciben diversas variedades de bebidas alcohólicas derivadas principalmente de la fermentación no destilada del maíz y otros cereales originarios de América
.La chicha es una bebida muy difundida en toda América Central y buena parte de América del Sur desde épocas prehispánicas, es decir desde antes de la llegada de los españoles. Por lo general es una bebida suave, de no muchos grados alcohólicos, y elaborada con medios artesanales. El término chicha es también utilizado en algunos países de América Latina para referirse bebidas no alcohólicas como la chicha criolla en Venezuela o la chicha morada en el Perú. (Foto: chicha morada)
VINO: El cultivo de la vid en América comenzó con el descubrimiento. Cristóbal Colón, en su segundo viaje a América en 1493 introdujo las primeras variedades.
A mediados del siglo XVI llegaron las primeras cepas a Perú y luego a Chile y norte de Argentina. La industria vitivinícola latinoamericana, especialmente en Chile y Argentina, ha experimentado fuertes cambios a lo largo del tiempo con la introducción de cepas finas europeas en el siglo XIX, gran desarrollo tecnológico y el aumento de las exportaciones en los últimos 20 años. Los mejores viñedos de Chile se concentran en seis valles en el centro del país: Valle de Casablanca, Valle del Maipo, Valle del Maule, Valle de Curicó, Valle del Rapel y Valle de Colchagua. En Argentina, Domingo Faustino Sarmiento que era gobernador de la región argentina de Cuyo (Mendoza - San Juan) hizo introducir en 1853 las primeras cepas de variedad francesa, entre ellas la reconocida Malbec, que según enólogos y especialistas se ha adaptado en esta zona mejor que en cualquier otra parte del mundo. Desde hace algunos lustros, la Argentina se ha transformado, junto a Chile, en los dos principales exportadores de vino de América Latina, consiguiendo productos de alta calidad internacional. Argentina produce vinos en Mendoza, San Juan, Salta, Catamarca, La Rioja, Córdoba, Río Negro y Neuquén. Tanto en Chile como en Argentina se cultivan cepas tintas como Cabernet Sauvignon, Merlot, Carménère, Cabernet Franc, Syrah, Pinot Noir y cepas blancas como Chardonnay, Sauvignon Blanc y Semillón entre otras.

Revista Planeta LatinoAmérica